viernes, 2 de octubre de 2015

Cuando sé que
comienzo a madurar
Cuando ya no tengo dudas de mí, cuando paso por la vida con seguridad en quien soy,
cuando mis pasos me llevan al lugar que quiero, cuando ya no lloro por pequeñas cosas,
cuando mi vida empieza tener sentido, cuando ya no dudo de lo que soy capaz…
entonces sé que he madurado.
A veces podemos cuestionarnos
cuándo es que empezamos a madurar,
y no es una cuestión de edad...
Se puede ser muy joven y a la vez tener una madurez extraordinaria, también hay personas mayores que nunca maduran, viven la vida como niños y se visten como tales. Personas que hacen de su vida una fiesta, no tienen propósitos. Ni planes de vida. Por eso la madurez no es un estado mental, es una actitud, no es cuestión de edad, es de tener sentido común ante la vida.
Siempre está esa pregunta “¿Tengo la suficiente madurez?”. Quien podría decir nada de tus pensamientos, sólo los conoces tú; pero al hacerte la pregunta ya estás empezando a tomar conciencia de que es la madurez en nuestras vidas. ESTÁS CRECIENDO.
Hay personas muy jóvenes que tienen muchos planes de vida, que saben qué hacer, qué harán y cómo será su vida más adelante. Son personas con propósitos, hacen que su mente empiece a pensar más en los pasos que dan y ya no se siente tan desvalidas, al contrario sienten que tienen el mundo en sus manos porque ya saben donde va.
Hay otros tipos de personas, que por más años que tengan siempre están desconformes, aburridos, no saben qué hacer, no hacen nada por cambiar sus vida ni tratan de darle solución, siempre están a la espera que otras personas lo hagan por ellas.
Podríamos decir que en este campo de la madurez cada persona sabe hasta qué grado lo tiene.
Sabemos que hemos madurado cuando podemos mirar atrás con arrepentimiento, no para lamentarnos sino para corregir los errores del pasado.
Maduro cuando a pesar del dolor que me ha causado la muerte de lo más querido, me vuelvo a levantar y ya no lloro, sino que su recuerdo es comparado a un campo de rosas de paz y tranquilidad, cuando su recuerdo me produce sensación de bienestar, porque aunque se que ya nunca más le vuelva a ver, lo tuve en mi vida y lo amé tamo que ese amor durará hasta el último día de mi vida. Acepto su partida y me resigno que la vida es así… nadie lo puede cambiar.
Maduro en cada golpe que la vida me da.
Maduro si pese a los golpes que recibo, no permito que ello me haga una persona dura y fría, y me convierte en una persona que da amor, que va ayudando a quien lo necesita, dando palabras de aliento a quien se me acerca. No me quedo pegado en ese dolor, salgo adelante y crezco como persona.
Voy madurando paso a paso, llorando y riendo, pero a la vez voy aprendiendo que toda la gente somos personas especiales y nadie nos puede cambiar. Pero si en mí está, yo si puedo cambiar, crecer tanto en edad como emocionalmente y aun así seguir sonriendo a la vida, porque vivo con la esperanza de que un día a todas las personas se nos ablandará el corazón y vamos decir:
Soy una persona madura que puede dar y ofrecer amor. Ahora la vida la veo desde otra perspectiva, sólo importa esas pocas personas que an estado toda la vida ., y no hace falta más.
Habré madurado cuando me levante y sonría mirando la vida con optimismo a pesar de haber llorado toda la noche. Porque envejecer es una obligación y madurar es opcional. Me decido por madurar para poder mirar a mi alrededor y descubrir qué es lo que más me hace feliz. Hoy sólo busco vivir en completa paz y felicidad, para dar a los que me rodean el mismo nivel de afecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario